La heroína

En el blog de Dejar las Drogas describiremos hoy una droga depresora: la heroína.

La heroína se obtiene a través del procesamiento del opio, sustancia natural presente en la adormidera. Sus propiedades son básicamente opuestas a las de las drogas estimulantes. La heroína es un ‘analgésico narcótico’, es decir, aletarga la mente y el cuerpo y calma el dolor.

Hay tres clases de heroína: brown, base y farmacéutica. La heroína brown es la más común; de hecho, se trata de diamorfina base, sin clorhidrato. Tiene el aspecto de polvo marrón, aunque el color varía del blanco crema al marrón oscuro. Cuanto más claro el color, mayor el contenido de heroína. Es una sustancia impura, de baja calidad. El contenido de heroína varía del 10 al 60 por ciento; el resto son adulterantes empleados para ‘cortar’ la heroína y aumentar su cantidad. La brown se fuma, nunca debe inyectarse. La heroína base se presenta en forma de gránulos grises algo similares al café instantáneo. La heroína base se fuma y también se inyecta. La heroína farmacéutica es heroína pura para un uso medicinal. Viene en forma de polvo blanco puro, de comprimidos y de líquido transparente en ampollas.

Los efectos de la heroína son verdaderamente poderosos, mucho más que casi cualquier droga. La heroína produce una sensación realmente intensa, sin comparación alguna. Cuando se administra por vía endovenosa, el efecto inicial es casi instantáneo, pero incluso cuando se fuma el efecto se produce en apenas unos segundos. El consumidor se siente invadido por sensaciones de euforia y una oleada de bienestar; todo dolor –físico y mental- desaparece. El efecto es adictivo. En dosis pequeñas, te convierte en alguien conversador, enérgico, vehemente y seguro. Las dosis altas provocan un estado de trance: el consumidor se pierde en su mundo interior y no puede ni desea comunicarse con nadie. A la euforia inicial le sigue una sensación apacible y cálida, con una visión optimista de la vida. Los efectos comienzan a disiparse al cabo de 1 o 2 horas, según el nivel de tolerancia y la frecuencia del consumo, y desaparecen por completo de 3 a 6 horas después.

Al ser una droga depresora, la heroína retarda el sistema nervioso central: el corazón late más despacio, la respiración se hace más lenta y superficial, llevando así menos oxígeno, y baja la tensión arterial.

La forma más peligrosa de consumir heroína es inyectarla por vía endovenosa, disuelta previamente en líquido. La heroína base y la farmacéutica se disuelven en agua; la brown debe disolverse en un ácido y la forma menos peligrosa es hacerlo con vitamina C en polvo. Lo peor es triturar y disolver los comprimidos; quedan gránulos insolubles que bloquean los pequeños vasos sanguíneos, causando abscesos e infecciones.

Si no se está acostumbrado a tomar heroína, se corre un serio riesgo de tener una sobredosis, sobre todo si es inyectada. Con una sobredosis, la respiración se vuelve lenta y se inspira tan superficialmente que el cuerpo no puede obtener el oxígeno necesario. Si se pierde el conocimiento y no hay una atención médica urgente, se puede sufrir un paro respiratorio y morir.

Quienes la consumen por primera vez, suelen sufrir descomposición; si se desmayan, sufren el riesgo de ahogarse en su propio vómito.

Si te vuelves un adicto, pronto la heroína se va a convertir en tu única preocupación. Perderás peso y estarás desnutrido. Consumir otra vez la droga es lo único que te va a importar.

Con el consumo intenso de heroína se desarrollan abscesos, llagas y heridas abiertas, muy desagradables y dolorosas, en las partes del cuerpo donde se aplican las inyecciones.

Con frecuencia, para los adictos la única manera de costear su hábito es el robo o la delincuencia.

La heroína es sumamente adictiva: los consumidores pueden desarrollar dependencia física y psicológica, a pesar de que crean controlarse. Tu cuerpo necesitará la heroína para sentirte normal. La enorme necesidad física de consumir la droga se vuelve tan intensa que toda tu vida depende de conseguir el dinero y comprar droga para volver a experimentar el efecto inicial. La necesidad psicológica es tan fuerte como la física. Te aterra pensar que puedes quedarte sin heroína. El hábito hace que cada vez tengas más miedo de vivir y te aísles más.

Los consumidores desarrollan tolerancia rápidamente; a medida que el cuerpo aprende a soportarla droga, necesita cada vez más para sentir la euforia inicial. Con el tiempo, puedes llegar a una etapa en la cual aún las dosis altas únicamente calman el dolor y mitigan el deseo de consumirla; no producen euforia. Cuando dejas de usar heroína, tu tolerancia disminuye rápidamente. Si comienzas a consumirla otra vez, tu cuerpo no soportará la misma cantidad que tomabas antes y podrías tener una sobredosis. La tolerancia se mantiene en un nivel más parejo si se fuma la droga que si se inyecta.

Los síntomas de abstinencia de la heroína son muy duros. Los consumidores que dejan la droga en forma abrupta, sufren síntomas psicológicos y físicos, que se presentan rápidamente e incluyen intensa necesidad, ataques de pánico, incapacidad para dormir, náuseas y diarreas, sudores, escalofríos, espasmos estomacales, calambres musculares y de las articulaciones, e incapacidad de sentirse bien. El temor al síndrome de abstinencia es la razón por la cual muchos consumidores evitan dejar la droga.