Una persona no necesita reunir todos los componentes de una personalidad adictiva o estar emocionalmente perturbado para convertirse en un adicto. Es suficiente con tener el recuerdo de haber tenido una experiencia con una sustancia y actividad que le haya resultado aliviadora o placentera para que, cuando sufra un alto grado de tensión nerviosa, se sienta inconscientemente impulsado a recurrir de nuevo a esa sustancia o actividad. El uso de cannabis (hachís o marihuana) puede ofrecer una explicación motivacional parecida  a la del alcohol: El individuo busca un estado agradable para huir de sus problemas y conflictos. En el caso del alcohol, drogas, y otras actividades como la comida, el juego, el sexo o el trabajo, los efectos bioquímicos que éstas producen en el cerebro refuerzan la dependencia. De este modo, e inadvertidamente, puede ponerse en marcha el círculo vicioso de la adicción.

Al principio, obtenemos sólo los efectos positivos de estas sustancias y suponemos que éstos serán permanentes. Más adelante, la droga o actividad, empieza a volverse en nuestra contra y nos procura más penalidades que beneficios. Y muchas veces, cuando intentamos romper la adicción a través de la fuerza de voluntad, nos damos cuenta de que no podemos. Por eso puede ser difícil dejar el cannabis.

Si la fuerza de voluntad falla es, en buena parte, porque cuando uno emprende la recuperación, es muy probable que sólo tenga el objetivo de dejar de usar la droga, en este caso dejar el cannabis (hachís o marihuana). Pero, dado que cannabis en sí mismo no es todo el problema, dejar el cannabis tampoco es toda la solución. A menos que se aborde la raíz del problema –el malestar interior que nos impulsó a consumir- uno seguirá siendo vulnerable a reincidir, a cambiar una adicción por otra, o a ambas cosas. Si queremos curarnos, no sólo hay que dejar el cannabis sino que hay que cambiar las condiciones internas que fomentan la adicción. Y si uno no es capaz de hacerlo por su cuenta, tiene que dar el paso de pedir ayuda profesional para dejar el cannabis.

En el caso concreto para dejar el cannabis, dar este paso no es fácil, ya que su aparente inocuidad resulta ser uno de sus mayores peligros. Si es indudable que en muchas personas el uso habitual de cannabis (hachís o marihuana) durante un largo tiempo tiene graves consecuencias,  ¿por qué hay aún tanta discusión en torno a esta cuestión?

En gran parte esto es así porque el cannabis ha sido considerado como una droga blanda (en contraposición a las duras), y porque actualmente hay un gran debate sobre el uso del cannabis (hachís o marihuana), ya que su venta y consumo se ha legalizado en algunos países, existen pastillas de marihuana que se venden con prescripción médica para enfermedades terminales, y se están experimentando distintos tipos de usos médicos por los efectos sedativos que produce.

Los efectos nocivos del uso recreativo del cannabis

El consumo de cannabis (hachís o marihuana) produce una ligera euforia, aunque en general es más bien relajante. Al comienzo produce simpatía y alteraciones de la percepción temporal. El signo característico y más visible son los ojos rojos.

Pero, aunque el uso ocasional de esta droga tiene relativamente efectos suaves, el uso frecuente de una dosis alta durante un largo periodo podría tener consecuencias graves y permanentes, como el denominado síndrome amotivacional.

Por otra parte, el humo del cannabis contiene más carcinógenos que el humo del tabaco, de modo que las lesiones pulmonares y el cáncer deben ser considerados riesgos reales para quienes lo consumen habitualmente y en considerable cantidad, por eso es importante dejar el cannabis. Sin olvidar que la administración repetida de cannabis (hachís o marihuana) provoca una reducción del esperma, un nivel de testosterona bajo y una disminución de la libido en los hombres y la alteración de los ciclos menstruales en las mujeres, efectos que remiten cuando se suspende el consumo de la droga.

El cannabis (hachís o marihuana) también puede producir lesiones fetales, y los partos prematuros y el bajo peso al nacer se asocian con el consumo materno de cannabis.

El consumo del cannabis (hachís o marihuana) también puede llegar a ser angustiante o producir delirios del tipo paranoide, con sensaciones de despersonalización. Puede presentar asimismo alucinaciones auditivas o alucinosis. También puede producir un flash back (pasado algún tiempo, regresan algunas sensaciones producidas en el momento del consumo)

Síndrome de abstinencia al dejar el cannabis

En general, dejar el cannabis (hachís o marihuana) no requiere ningún tratamiento de desintoxicación, sino que exige únicamente la abstinencia.

La mayoría de los síntomas de abstinencia son conductuales más que físicos, por lo que, en el caso de dejar el cannabis (hachís o marihuana), a veces se cuestiona la existencia de un verdadero síndrome de abstinencia.

La suspensión del consumo de cannabis (hachís o marihuana) después de un uso crónico produce un suave síndrome de abstinencia, que puede incluir:

  • Irritabilidad y desasosiego
  • Pérdida de apetito
  • Insomnio
  • Sudoración
  • Nauseas, vómitos y diarrea