¿Por qué somos adictos al tabaco?
Fumar, al igual que otros hábitos adictivos, es un síntoma de una carencia. ¿Qué es lo que realmente falta en nuestras vidas para que sigamos deseando algo que lo sustituya?
El hábito de fumar está relacionado con las vías respiratorias y los pulmones. La respiración tiene que ver sobre todo con la comunicación, el contacto y la libertad. Fumar es el intento de estimular y satisfacer este deseo. El cigarrillo es el substituto de la verdadera comunicación y de la auténtica libertad.
Para dejar el tabaco, la voluntad es necesaria pero no suficiente
La excusa de no poder dejar el tabaco es un reconocimiento inconsciente de que se es una víctima y de que se sufre una escasa auto-estima. Es muy difícil dejar de fumar o abandonar otras adicciones si se mantiene esta creencia.
Para dejar de fumar, la voluntad es condición necesaria pero no condición suficiente. Dejar el tabaco no es cuestión de voluntad, sino de estrategia y de conocimiento.
El conocimiento y sobre todo una buena disposición de ánimo pueden convertir en placentero el proceso de dejar de fumar. Y lo primero que hay que hacer es relajarse y desprenderse de tópicos y prejuicios; sobre todo hay que librarse del peso del recuerdo de los intentos previos que han fracasado. El temor a sentirse mal y al consiguiente fracaso hacen retrasar la decisión y aumenta la sensación de dificultad, lo que, a su vez, intensifica el miedo que conduce a un nuevo cigarrillo.
Las falsas creencias acerca de dejar el tabaco
Se cree que el tabaco reduce la ansiedad y el estrés y que sin esta ayuda el fumador sufrirá un permanente estado de nerviosismo. Por eso, se considera que los fumadores acostumbran a ser personas más nerviosas que los no fumadores y que por eso necesitan más el tabaco. Pero esto no es cierto. El tabaco, como otras drogas, mantiene a los fumadores en un estado de inquietud que se acentúa cuando hace un rato que no fuman. De este modo, al cabo de poco rato de dejar de fumar, la tensión crece y, antes de que alcance un grado intolerable, se enciende otro cigarrillo. Este es de hecho el placer del fumador: suspender momentáneamente la ansiedad que produce dejar de fumar. Y a medida que el organismo se va acostumbrando al tabaco, la ansiedad aumenta y el efecto paliativo disminuye.

Cómo funciona la adicción al tabaco
Si una droga se fuma y su efecto en el cerebro es placentero, cada bocanada producirá satisfacción inmediata en un inconfundible modo causa-efecto, reforzando el comportamiento del fumador.
La nicotina y otras sustancias tóxicas
Además de la nicotina, los cigarrillos contienen una gran cantidad de productos químicos, entre ellos los alquitranes, asociados al cáncer de pulmón y a otros cánceres que suelen padecer los fumadores. También es tóxico el monóxido de carbono, que provoca que las células del fumador sufran asfixia crónica. Además, el humo del tabaco contiene tras sustancias muy tóxicas: bióxido de carbono, amoníaco, óxidos de nitrógeno, ácido cianhídrico, cianuro de hidrógeno, arsénico, plomo, formol, etc…
¿Es la nicotina la que provoca la adicción?
No está claro que la nicotina sea la única responsable del mantenimiento de la adicción. La nicotina tiene una acción muy potente sobre el organismo, puesto que actúa con mucha rapidez sobre el sistema nervioso central: sube de los pulmones al cerebro más de prisa que la heroína inyectada, pero también se elimina rápidamente (al cabo de media hora de haber apagado el cigarrillo la concentración de nicotina en sangre es ya la mitad, y por eso se fuma a intervalos regulares). Si la nicotina fuese tan adictiva, no se explicaría cómo la mayoría de fumadores no encienden un cigarrillo al despertarse o que se tolere mejor su carencia en lugares en los que no se puede fumar habitualmente.
