Los barbitúricos y las benzodiacepinas, como el Valium, aunque sus efectos no son idénticos, provocan con su intoxicación conductas muy similares a las producidas por el alcohol, de modo que es significativo que esas drogas tengan efectos similares sobre los receptores GABA.

Un problema para dejar las benzodiacepinas: la falsa sensación de seguridad

Los barbitúricos se prescribían de un modo generalizado como pastillas para dormir antes de la década de los sesenta. Su fácil disponibilidad hizo de ellas las drogas favoritas para el suicidio y las muertes accidentales por sobredosis también eran frecuentes. La tendencia a la adicción era también un problema. Sin embargo, lo más importante es que no eran realmente efectivos en el tratamiento del insomnio. Su consumo regular provocaba dependencia y los intentos de dormir sin la medicación se frustraban por síndromes de abstinencia que irónicamente incluían el insomnio.

Las benzodiacepinas, como el alcohol y los barbitúricos, no compiten con el GABA, pero tienen su propio sitio de unión específico sobre el receptor del GABA, diferente del sitio de unión de los barbitúricos. El resultado, sin embargo, es como el causado por el alcohol: incrementar el efecto del GABA en la apertura del canal de iones en el receptor, permitiendo de ese modo que los iones cloro entren. En 1965, con el abandono de los barbitúricos para el tratamiento del insomnio y la ansiedad, las primeras benzodiacepinas llegaron al mercado y rápidamente los reemplazaron, llegando a ser los fármacos más ampliamente prescritos. Las ventajas de las benzodiacepinas sobre los barbitúricos eran su seguridad (la muerte por sobredosis es prácticamente desconocida), la menor tendencia al incremento de la dosis y a la dependencia, y un síndrome de abstinencia menos peligroso. Pero, desde el punto de vista de algunos especialistas, estaban excesivamente prescritas y muchos pacientes las usaban diariamente y se hicieron dependientes de ellas. Y aunque la reacción fue una reducción drástica de la prescripción, siguen siendo uno de los medicamentos más consumidos en todo el mundo.

¿Hay que dejar las benzodiacepinas? ¿Por qué pueden ser peligrosas?

Se ha convertido hasta cierto punto en habitual tomarse un Valium u otra benzodiacepina para tranquilizarse o reducir la ansiedad.

Las benzodiacepinas son agentes depresores del sistema nervioso.

Se pueden administrar por vía oral, intramuscular e intravenosa. La vida de estos fármacos varía de 2 horas a 74 horas. Los compuestos de acción corta tienen mejores resultados como hipnóticos, mientras que los de larga duración se prefieren por sus efectos ansiolíticos.

Efectos:

  • Sedantes
  • Hipnóticos
  • Relajantes musculares
  • Anticonvulsivos
  • Ansiolíticos
  • Amnésicos

Se utilizan para tratar:

  • La ansiedad
  • El insomnio
  • La abstinencia alcohólica
  • La epilepsia
  • Los trastornos afectivos

Tipos de benzodiacepinas: Suelen ser los acabados en -lam, -lan, -pam, -pan.

Valorar dejar las benzodiacepinas: ¿Qué efectos negativos pueden tener sobre el organismo?

La sobredosis de benzodiacepinas, en particular cuando se combinan con alcohol u otras drogas sedantes, puede llevar a un estado de coma. Los síntomas son: excesiva somnolencia, depresión respiratoria, hablar confuso, bradicardia o taquicardia e hipotensión.

Los efectos secundarios más frecuentes que pueden aparecer son:

  • Somnolencia
  • Vértigo
  • Malestar estomacal
  • Visión borrosa y cambios en la visión
  • Dolor de cabeza
  • Confusión
  • Depresión
  • Trastornos de coordinación
  • Trastornos del ritmo cardíaco
  • Temblor
  • Debilidad
  • Amnesia
  • Efecto resaca
  • Sueños inusuales o pesadillas
  • Dolor de pecho
  • Ictericia
  • Tolerancia cruzada (alcohol)

En algunos pacientes, las benzodiacepinas pueden causar excitación paradójica, incluso con aumento de la irritabilidad y tendencia a la hostilidad. Estas reacciones ocurren por una desinhibición similar a la que ocurre con el consumo de alcohol.

No hay que dejar bruscamente las benzodiacepinas

La abstinencia es la reacción física que se da ante la suspensión del consumo de una sustancia que produce adicción. El síndrome de abstinencia de las benzodiacepinas es el conjunto de síntomas que aparecen cuando una persona que tomó benzodiacepinas por un periodo prolongado —y desarrolló una dependencia— suspende su consumo o reduce la dosis. El síndrome de abstinencia a las benzodiacepinas es similar a los síndromes producidos por la abstinencia por consumo de alcohol o la abstinencia por consumo de barbitúricos y puede provocar síntomas graves que ponen en peligro la vida. Los síntomas al dejar las benzodiacepinas pueden ser: ansiedad, delirios, insomnio, confusión, nauseas, parestesias, sofocos, rigidez muscular, parestesias, midriasis… La reacción de abstinencia puede ser súbita o gradual.

¿Porque no hay que tomarlas o abusar de ellas? ¿Hay que plantearse dejar las benzodiacepinas?

Mientras que las benzodiacepinas son muy efectivas a corto plazo (de dos a cuatro semanas) los efectos secundarios asociados con el consumo a largo plazo (deficiencias en las habilidades cognitivas, problemas de memoria, cambios de humor, sobredosis cuando se combinan con otras drogas) pueden hacer que la relación riesgo-beneficio sea desfavorable.

Otros síntomas que se pueden presentar son: embotamiento emocional, náuseas, dolor de cabeza, mareos, irritabilidad, letargo, problemas para dormir, problemas de memoria, cambios de personalidad, agresividad, depresión, agorafobia, ansiedad y ataques de pánico, deterioro social y problemas laborales.

Si se deja de tomar benzodiacepinas, los efectos del consumo a largo plazo pueden desaparecer tras unos 3 o 6 meses.

Por ello, se recomienda no auto-medicarse y siempre plantearse alternativas a esta medicación.

¿Dejar las benzodiacepinas? Interacciones peligrosas

Las benzodiacepinas reaccionan con otros medicamentos y con sustancias como el alcohol.

Además, alteran la memoria y la concentración, interrumpen el sueño, implican riesgo en el manejo y conducción de vehículos, y embotan las reacciones.

En ancianos, se asocian a un empeoramiento de los síntomas de demencia y de deterioro cognitivo. Además hay riesgo de caídas por sedación y relajación muscular. También pueden producir cuadros de desorientación. También se asocian con un mayor riesgo a desarrollar demencia en un futuro (un aumento del 50% en el riesgo ante consumo prolongado o crónico de benzodiacepinas).

Se han asociado las benzodiacepinas con un mayor riesgo de suicidio, por lo que se debe tener mucho cuidado al administrarlas a pacientes con riesgo o ideación suicida.

Asimismo, se está valorando que pueda afectar al sistema inmune a largo plazo.

En cuanto a su uso durante el embarazo, están contraindicadas ya que causan malformaciones en el feto.