Los opiáceos

En el blog de “Dejar las drogas” hablaremos hoy de los opiáceos, un grupo de fármacos con una gran tradición en la farmacopea occidental. De hecho, el opio ha sido el mejor representante de dicho grupo, al que pertenecen también la morfina, la heroína, la codeína y otros muchos de gran eficacia en el tratamiento del dolor.

La familia farmacológica de los opiáceos es muy extensa y representa una importante alternativa en el tratamiento de síntomas como el dolor o la tos. Según la procedencia del compuesto y el grado de procesamiento químico, estas sustancias pueden dividirse en opiáceos naturales, semisintéticos y sintéticos.

El opio es el principal representante de los opiáceos naturales. De todos los alcaloides del opio, los más empleados en la práctica médica son la morfina y la codeína.

Los opiáceos semisintéticos derivan de la morfina, una vez realizados determinados cambios en su molécula. La heroína es 2-10 veces más potente que la morfina. Ha sido utilizada con finalidad médica para tratar dolores resistentes a otras terapéuticas.

Los opiáceos sintéticos son los obtenidos exclusivamente por síntesis química y tienen menor capacidad adictiva que la morfina. Dentro del grupo de los opiáceos sintéticos se encuentra la metadona, el principal fármaco empleado en los tratamientos de mantenimiento con opiáceos en dependientes de la heroína.

Los opiáceos son fundamentalmente depresores del sistema nervioso, aunque también pueden desarrollar algunas funciones estimulantes. Además, son sustancias que producen dependencia.

La supresión del dolor y la inducción del sueño son las propiedades más características de los opiáceos. Estas sustancias aumentan el nivel de estímulo necesario para percibir dolor y eliminan la ansiedad o el miedo.

La morfina y sus derivados actúan sobre el centro cerebral que regula nuestra frecuencia respiratoria, disminuyendo el número de respiraciones por minuto. De hecho, en los casos de sobredosis, la muerte se produce por la paralización de la respiración.

Los opiáceos descienden la actividad del centro nervioso que controla el reflejo de la tos y la disminuyen. Debido al riesgo de dependencia que presenta la morfina, para este efecto farmacológico se prefiere la codeína porque, si bien es menos potente, existe menor peligro de desarrollar una adicción.

En las mujeres puede provocar alteraciones en su ciclo menstrual y en los hombres se produce una deficiencia de la hormona sexual masculina que puede dar diversos problemas.

El uso de opiáceos provoca supresión del dolor, una sensación de tranquilidad y estado de bienestar o incluso de euforia.

Los compuestos opiáceos suelen disminuir la frecuencia del ritmo cardíaco y la tensión arterial e incrementan el estreñimiento. También pueden provocar retención urinaria. En la mujer embarazada, disminuyen la intensidad y la frecuencia de las contracciones uterinas, lo que puede prolongar el parto.

(Fuente: Todo sobre las drogas, de Gabriel Rubio y Joaquín santo-Domingo)