Dejar el alcohol – Porqué se bebe?
El alcohol, que es un alimento más, se ha asociado tradicionalmente con el acto de comer. En general se puede decir que este uso de las bebidas alcohólicas suele ser moderado, salvo las excepciones que siempre hay en todas las conductas humanas. El hecho mismo de que el alcohol se ingiera junto con alimentos sólidos limita sus aspectos indeseables.
Pero la bebida se ha ido convirtiendo también en una actividad social sin la que parece imposible la relación interpersonal. Se bebe en cualquier reunión. Es más, parece obligado realizar todas las elaciones humanas, profesionales, comerciales o meramente amistosas, alrededor del alcohol. Se piensa que cualquier conversación será más fluida si se hace frente a unas botellas y unos vasos. Bares y restaurantes son el lugar preferido de encuentro para muchas personas, que parecen liberarse de ataduras de cualquier tipo en ese ámbito.
El cine y la televisión nos han acostumbrado a ver a hombres y a mujeres continuamente con una copa en la mano en cuanto se detienen en cualquier parte. Y el espectador acaba por asociar con la más estricta normalidad del comportamiento humano en cualquier situación el hecho de acompañarlo con el consumo de bebidas alcohólicas. La fuerza de este estímulo es extraordinaria, como lo sería el que todos estos personajes de ficción aparecieran de continuo consumiendo drogas de otro tipo.
Algo parecido, aunque de forma más directa e intencionada, es el papel que desempeña la publicidad. Ésta nos presenta continuamente a personas consumiendo alcohol y felices. Caro que éste es precisamente uno de los fundamentos de la publicidad: el reforzaren el espectador la idea de que el consumo de un determinado producto es igual a la felicidad.
La legislación vigente en España prohíbe la publicidad de tabacos y bebidas con más de 20 grados de contenido alcohólico en televisión, pero la publicidad en la prensa no está sometida a estas restricciones y su presión sobre los potenciales consumidores es enorme, sobre todo en algunas épocas del año.
Para hacer más atractivos los productos alcohólicos, la mayoría de los anuncios recuren a las siguientes necesidades del individuo: de valoración, de autorrealización, de afecto, de seguridad, y a la fisiológica, absolutamente falsa, de beber alcohol.
La publicidad ejerce una feroz competencia a la labor educativa que puedan llevar a cabo otras instancias de la sociedad para fomentar la abstinencia alcohólica o el consumo moderado de bebidas de este tipo. El impacto de un solo anuncio obliga a un esfuerzo suplementario a esa labor.
