Tabaquismo: efectos cognitivos y ansiedad

Uno de los refuerzos del tabaco es su efecto cognitivo, ya que hay evidencias de que la nicotina afecta al rendimiento cognitivo: aumenta la agilidad mental y reduce la ansiedad.

Hay estudios que demuestran que fumar antes de los exámenes no se relaciona en realidad con una reducción de la ansiedad, sino con un aumento de la agilidad mental. Y es que los efectos ansiolíticos de los cigarrillos son más eficaces para controlar el estrés más inmediato que como respuesta a una mala noticia. De este modo, puede ser que individuos con una mayor predisposición a la ansiedad se conviertan en fumadores regulares, y que fumar les ayude a controlar las causas agudas del estrés.

Por otro lado, la nicotina ejerce un efecto positivo sobre la memoria, no sólo mediante una mejoría de la atención y la concentración, sino también directamente. Existen evidencias de que la nicotina puede ayudar al fumador en la formación de asociaciones, no sólo posibilitando un proceso de la memoria más eficaz.

Se sabe también que la nicotina afecta a los niveles de estrés en ciertas circunstancias, pero, ¿se traduce esto en una mejora del estado de ánimo? Algunos de los efectos estimulantes de la nicotina se relacionan con la dosis; sin embargo, no está claro si este efecto se percibe. Hasta hoy, algunos estudios indican que la capacidad inhibitoria del reflejo motor de la nicotina puede mejorar el estrés y, así, el estado de ánimo.

Una de las conductas más complejas en relación con fumar es la ansiedad por un cigarrillo. Algunos fumadores padecen ansiedad durante meses, y otros sufren ansiedad y una difícil abstinencia que dura un año o más después de dejar de fumar. La ansiedad puede ser resultado de múltiples factores que afectan de modo diferente a cada fumador.

Los efectos biológicos y neurológicos del tabaco han llevado al estudio de la ansiedad como una respuesta del fumador a los efectos positivos del tabaco que él percibe y a los efectos negativos de la abstinencia que advierte.

El potencial adictivo de la nicotina está bien documentado. La nicotina produce tolerancia porque existen evidencias de que, hasta cierto punto, cada cigarrillo fumado durante el día produce una respuesta levemente inferior a los anteriores. Sin embargo, esta respuesta puede ser más de naturaleza subjetiva que biológica. Esto tiende a reforzar la conclusión de que los fumadores pueden conducirse de modos diferentes desde un punto de vista biológico y psicológico.

Si fumar crea tolerancia, ¿debe deducirse de ello que todos los fumadores se convierten en dependientes de la nicotina? Desde un punto de vista epidemiológico, parece que la mayoría lo hace. Fumar de modo compulsivo y continuo, a pesar de ser bien conocidas sus consecuencias, sugiere que los fumadores que no lo dejan son dependientes.

El nivel de dependencia se relaciona, desde luego, con los hábitos de fumar de cada individuo, y ésta es una de las razones por la que la industria del tabaco sigue defendiendo que fumar no es adictivo. Existen fumadores sociales que parece que buscan un cigarrillo sólo en momentos especiales. Otros sólo fuman un poco cada día. Y los fumadores más importantes casi no pueden levantarse de la cama sin encender un cigarrillo.

A largo plazo, sin embargo, el elevado índice de recaídas entre los fumadores abstinentes, es la clave real del efecto productor de dependencia de la nicotina. Si uno fuma y no puede parar, o si fuma y lo deja sin éxito, es dependiente de la nicotina, del mismo modo que se es dependiente de la nicptina o el alcohol.