La adicción a la nicotina

En el blog de Dejar las Drogas trataremos hoy de una adicción muy extendida; de hecho, en lo que hace referencia a sus complicaciones y a la mortalidad, es una de las adicciones más graves.

El tabaquismo es una situación en la que se mantiene un hábito de consumo de productos del tabaco para conseguir nicotina, de tal forma que genera diversos trastornos en diferentes sistemas del organismo. Este hábito se mantiene a pesar del conocimiento que tienen los individuos de dichos trastornos y a pesar, en numerosas ocasiones, de los deseos de abandonarlo o de no volver a iniciarlo tras su suspensión. La persistencia en el hábito se debe a la aparición de un síndrome de dependencia de la nicotina, originado por la capacidad adictiva de esta sustancia.

Tanto en animales de laboratorio como en seres humanos, la nicotina ha demostrado capacidad para comportarse como tal. Al igual que ocurre con el alcohol, la morfina o la cocaína, su uso continuado puede dar lugar a la aparición de fenómenos de tolerancia, abstinencia y dependencia. En esta situación, los animales de laboratorio realizan esfuerzos para conseguir estas sustancias, y los seres humanos las buscan y mantienen su uso aun cuando sean conscientes de los problemas que pueden acarrearles. De igual forma que para otras adicciones, el consumo ocasional tiende a repetirse con una frecuencia e intensidad cada vez mayor, hasta dar lugar a la situación de dependencia. Se convierte entonces en un trastorno crónico y recurrente. Diferentes factores, biológicos, psicológicos y sociales influyen en la probabilidad de que un individuo que consume ocasionalmente avance en su uso hasta la dependencia.

Los trastornos físicos asociados al tabaquismo no los causa en general la nicotina. En una amplia mayoría, son debidos al efecto de diferentes sustancias que se ingieren junto con la nicotina como componentes del humo de los distintos productos del tabaco. Su función es mantener el consumo reiterado de estos productos. Los trastornos físicos asociados se desarrollan generalmente al cabo de años de consumo mantenido.

El trastorno por dependencia de nicotina consiste básicamente en la autoadministración crónica de tabaco, que persiste a pesar del deseo de abandonarlo. Se caracteriza por la aparición de signos de tolerancia con el consumo continuado y por un síndrome de abstinencia característico cuando se suprime el mismo. Como en otras adicciones, son frecuentes las recaídas tras el abandono temporal del consumo.

La dependencia de la nicotina, igual que otras drogodependencias, tiende a convertirse en una situación progresiva, crónica y recurrente. El riesgo de desarrollar la adicción tras el consumo inicial es más elevado con cigarrillos que con cualquiera de las otras drogas adictivas. La progresión desde el consumo ocasional hasta la dependencia se produce generalmente tras varios años de fumar unos cuantos cigarrillos o de fumar diariamente.

La intensidad de la dependencia y de la abstinencia se corresponde con el número de cigarrillos fumados al día. Se dice que el tabaquismo es un trastorno crónico porque aproximadamente uno de cada tres fumadores trata de dejar de fumar cada año, pero la mayoría de ellos recae a los pocos días, si ha tratado de abandonar el hábito por sus propios medios, o en el plazo de una o dos semanas, si han recibido apoyo terapéutico.

Los fumadores de cigarrillos toleran muy bien los efectos de la nicotina en comparación con los no fumadores, pero incluso hasta los fumadores de cigarrillos pierden un grado importante de tolerancia durante cada periodo de abstinencia nocturna y comienzan a recuperar dicha tolerancia con la primera dosis del día. Una consecuencia perjudicial del desarrollo de tolerancia es que ésta permite al consumidor de tabaco exponer repetidamente su organismo, muchas veces al día, a las sustancias altamente tóxicas proporcionadas por el tabaco y por el humo que de éste se desprende. Si la gente fumara sólo unos cuantos cigarrillos al día, todavía correrían el riesgo de sufrir muerte o enfermedad, pero en mucha menor proporción que con el consumo de una cajetilla de tabaco o más al día, cantidad fumada habitualmente por la mayoría de los fumadores. Las modificaciones inducidas por el tabaco hacen que el organismo eche de menos sus efectos cuando ha pasado un largo período de tiempo. Entonces aparecen los síntomas del llamado síndrome de abstinencia. Alcanzado este punto, se dice que la persona es físicamente dependiente y posiblemente afirmará que necesita seguir fumando para sentirse bien y rendir con normalidad.

Al dejar bruscamente de fumar, se inicia el síndrome de abstinencia, que varía mucho en su forma e intensidad según los individuos. El número de cigarrillos fumados cada día y los niveles de nicotina en sangre indican la intensidad de la abstinencia.

El síndrome de abstinencia se inicia unas horas después de haberse fumado el ultimo cigarrillo y sus síntomas incluyen el deseo irrefrenable de fumar, dificultad para lograr la concentración, ansiedad, irritabilidad y trastornos del sueño. Aumentan la necesidad de fumar y el apetito, mientras que disminuyen las capacidades cognitivas y la frecuencia cardíaca. La intensidad del síndrome varía de unas personas a otras, pero generalmente es desagradable y con frecuencia intolerable, por lo que la mayor parte de los pacientes recaen antes de que estos síntomas empiecen a mitigarse. La intensidad de los síntomas de abstinencia alcanza su pico por lo general a los pocos días y luego empieza a disminuir durante las siguientes semanas, siendo su curso muy variable de un individuo a otro.