Dejar las drogas – ¿Nos engañan con las drogas?
‘Tras el grito’ (Paidós Contextos), el un libro del periodista Johann Hari, colaborador de The New York Times, The Guardian y Le Figaro, que recoge la historia de la guerra contra las drogas, iniciada hace más de un siglo.
Hari también incluye una historia personal al respecto: ‘Uno de mis primeros recuerdos es intentar despertar a uno de mis familiares y no ser capaz de hacerlo. Cuando crecí, me di cuenta de por qué: era un adicto’
El periodista conoció a traficantes, científicos, sicarios, policías y otros protagonistas de esta guerra contra las drogas y la conclusión de su libro es que la opinión pública está muy equivocada y que ese error causa una gran cantidad de dolor y violencia en todo el mundo.
Reproducimos algunos extractos de una entrevista que Hari concedió al diario digital El Confidencial.
‘Había muchas preguntas básicas para las que no tenía respuesta : ¿Por qué se prohibieron las drogas por primera vez? ¿Por qué continúa esta guerra, cuando tantos de nosotros pensamos que no funciona? ¿Qué es lo que causa el uso de drogas y la adicción? ¿Y cuáles son las alternativas?. Lo que encontré es que casi todo lo que sabemos sobre el tema está equivocado. Las drogas no son lo que pensamos que son. La adicción no es lo que pensamos que es. La guerra contra las drogas no es lo que hemos visto en nuestros televisores durante un siglo. Y las alternativas no son las que pensamos que son’
‘ Yo había asumido, como todo el mundo, que la adicción a las drogas está causada por los químicos que se encuentran en ellas. Parece algo de sentido común. Pensamos que si tú o yo o cualquiera de las siguientes 20 personas con las que te vas a cruzar tomasen heroína durante 20 días, el día 21 todos serían drogadictos. Eso se debería a que hay determinados anzuelos químicos en la heroína que hacen que nuestros cuerpos la echen de menos. La necesitaríamos físicamente. Eso es la adicción, y eso es lo que pensaba que era.
Lo primero que me alertó sobre el hecho de que había algo mal en esa historia fue cuando los expertos me explicaron que si me atropellase un coche y me rompiese la cadera, me llevarían al hospital y me darían diamorfina. La diamorfina es heroína. Es mucho más fuerte que lo que los adictos compran en la calle, porque no ha sido contaminada por los traficantes. Cualquiera que haya pasado por una operación de cadera habrá tomado un montón de heroína.
La adicción está causada por un sentimiento de aislamiento y desconexión en el adicto, no por las drogas en sí mismas.
Si lo que pensamos sobre la adicción es correcto, ¿qué pasaría? Que esa gente, al menos algunos de ellos, se harían adictos. Esto ha sido estudiado y no ocurre. Cuando lo descubrí me quedé perplejo. Parecía tan extraño que sólo lo entendí cuando entrevisté al doctor Bruce Alexander en Vancouver. Me explicó que la teoría de la adicción que damos por buena proviene de una serie de experimentos que se realizaron a comienzos del siglo XX. Eran muy simples. Coges una rata, la pones en una jaula y le das dos recipientes de agua. Uno tiene agua. El otro es agua con heroína o cocaína. Si lo haces, la rata probablemente preferirá el agua con droga y casi siempre se matará rápidamente de sobredosis. Esa es nuestra teoría de la adicción.
En los 70 el profesor Alexander revisó esos experimentos y se dio cuenta de que la rata no tenía otra cosa que hacer aparte de drogarse. Así que construyó una jaula diferente, a la que llamó Rat Park. Era el cielo de las ratas. Tenían buena comida, bolas de colores, muchos amigos y podían tener sexo todo el rato. Aparte, estaban los dos recipientes de agua. Esto es lo fascinante. En Rat Park no les gustaba el agua con droga. Raramente la tomaban, ninguno de forma compulsiva y ninguno sufrió una sobredosis. Hay muchos ejemplos e historias de humanos recogidas en el libro que muestran que eso también se aplica al hombre y que nos dice mucho sobre la naturaleza de la adicción. Esta no está causada sólo por las drogas. La adicción está causada por un sentimiento de aislamiento y desconexión en el adicto. No son las drogas, es tu jaula.
La adicción, en otras palabras, es la adaptación a tu miedo. Si este te desprovee de conexiones y significado, es más probable que te hagas adicto. Creo que sería ir muy lejos decir que es sólo un fenómeno del siglo XX o XXI. Ha habido períodos en el pasado donde la gente se sintió aislada y la adicción repuntó: por ejemplo, en la Inglaterra del siglo XVIII, cuando grandes cantidades de personas abandonaron su tierra y se vieron forzadas a vivir en horribles suburbios urbanos. Un gran porcentaje de esa gente terminó bebiendo mucha ginebra, que se veía como hoy se ve al crack o el cristal.
Pero tienes razón, hay algo en la forma en que vivimos hoy que nos hace más vulnerables a la adicción que otras sociedades previas. Un escritor inglés lo llamó ‘la era de la soledad’, es más fácil quedarse solo que en cualquier otra sociedad humana. La forma de conexión que ofrece internet es una parodia de las relaciones humanas. Los anuncios y la cultura nos entrenan para pensar que deberíamos perseguir la felicidad comprando, gastando y consumiendo, y satisfaciendo nuestros deseos individuales en lugar de los de la comunidad o los de los demás. El gran cliché de nuestra era es ‘sé tu mismo’: realízate como un individuo aparte del grupo. La adicción es un síntoma de la infelicidad que este sistema innatural causa en muchas personas. El individualismo puro no es natural para los seres humanos, un hombre aislado tiene tan poco sentido como una abeja aislada. Somos criaturas sociales, necesitamos una tribu.
España está siendo forzada por una contraproducente austeridad a seguir el camino opuesto a Suecia, no me sorprendería que eso incrementase las adicciones
En una cultura de trabajo obsesivo, gasto y estrés estos lazos se han atrofiado de forma desastrosa. Un estudio americano mostraba que desde los años cincuenta, el número de amigos con los que una persona puede contar durante una crisis ha decrecido significativamente, mientras que la cantidad de espacio en las casas ha aumentado. ¿Alguien cree que haya salido ganando? Sin embargo es un pacto que la cultura obliga a hacer.
Bruce Alexander lo contó bien. Dice que en la adicción siempre se trata la recuperación individual (lo que tiene un claro valor), pero necesitamos pensar en la recuperación social. Algo ha ido mal pero no con nosotros como individuos, sino como grupo. Necesitamos encontrar forma de volver a conectar con los otros y reconstruir las formas genuinas de conexión.
No creo que sea una casualidad que una de las sociedades con los niveles más bajos de adicción sea Suecia, una sociedad con poco estrés, buenos trabajos, un fuerte Estado del Bienestar, una sociedad con mucho apoyo mutuo. España está siendo forzada (por una innecesaria y contraproducente austeridad) a seguir el camino opuesto, así que no me sorprendería que eso incrementase las adicciones, sea al alcohol, las apuestas o la heroína.
La adicción abarca un espectro más amplio, no hay una línea definida entre los adictos y el resto. Hay mucha gente adicta a sus smartphones, que saben que mirar constantemente Facebook o Twitter es menos enriquecedor que hablar con tus amigos, leer un libro o pasear por el bosque, pero se sienten empujados a hacerlo continuamente, de manera que consume su vida. No se acerca a ser adicto al crack, obviamente. Pero es una adicción, y surge de la misma raíz que otras adicciones: un sentimiento de aislamiento, dolor y no querer estar presente en tu propia vida.
Adicción y dependencia física son dos cosas totalmente distintas. Lo mejor para describirlo es imaginarse a dos individuos. Uno de ellos es tu abuela, ingresada en el hospital después de una operación de cadera, tomando montones de diamorfina (heroína) para controlar su dolor. El otro es un mendigo en un callejón al lado del hospital, que consume un montón de heroína para tratar su dolor psicológico. Ambos están tomando la misma droga, con la excepción de que la heroína de tu abuela es mucho más fuerte porque está proporcionada por los médicos. Si los dos toman la droga durante unas semanas, ambos serán físicamente dependientes, lo que significa que cuando paren experimentarán síntomas de abstinencia. Sudarán un poco más y sufrirán algo que parece una gripe.
El adicto utiliza las drogas para lidiar con el dolor psicológico que ya estaba ahí antes de que consumiese drogas por primera vez
La dependencia física aparece cuando tu cuerpo se ha acostumbrado a una droga y experimentas síntomas físicos cuando ya no la consumes. Pero la adicción es un estado psicológico interno en el que no quieres vivir tu vida, por lo que llevas a cabo un comportamiento compulsivo que detiene tu dolor y aflicción. Tu abuela puede que ni siquiera note esos síntomas, pero si lo hace los aguantará hasta que desaparezcan, porque quiere recuperar su vida, en la que tiene relaciones y hay cosas que quiere vivir. La dependencia física pasará rápidamente.
El adicto, por contraste, utiliza las drogas por otra razón: tratar con el dolor psicológico que ya estaba ahí antes de que encontrase las drogas. No tiene nada que ver con la dependencia física, se trata de una agonía interna. A veces la dependencia física y la adicción se superponen en la misma persona, obviamente, pero son cosas distintas. Es por eso que los lugares donde castigan a los adictos para que paren sólo empeoran las cosas, mientras que lugares como Portugal, donde responden a los adictos con amor y apoyo han visto reducir el uso de las drogas inyectadas en un 50%.
Los adictos tienden a juntarse y desarrollar formas de sobrevivir juntos, se ve en todo el mundo. Ambos aspectos son importantes a la hora de resolver un sentido de insignificancia: el uso compulsivo de la droga y la identidad grupal que se forma alrededor de dicho uso. Como dice Bruce, ‘es mejor ser un yonqui que no ser nada y esa es la disyuntiva en la que se encuentran esos tipos’. Hay una ilustración de esto: Después de que la conexión francesa que proveía drogas a EEUU desapareciese, hubo largos períodos en los que no llegaba nada de heroína a Vancouver desde Nueva York. Lo sabemos porque la policía se incautaba de la heroína que se vendía en las calles, la analizaba y descubría que no contenía heroína. Eran todo contaminantes y relleno.
Si crees que la adicción es causada por la química, ¿qué podía haber ocurrido? Los adictos deberían haber sufrido síndrome de abstinencia, dolores intensos y entonces haberse levantado liberados de su adicción. En realidad, no ocurrió nada de eso. Todo el mundo siguió como estaba: los traficantes siguieron vendiendo y los adictos comprando y consumiendo ‘heroína’, y llevando a cabo crímenes para conseguirla. No notaron la diferencia.
Esto nos dice algo importante. Cuando la heroína fue eliminada, mantuvieron la esencia de su adicción, que es la adicción a la subcultura. Cuando te han dicho que eres un pedazo de mierda toda tu vida, abrazar esa identidad de pedazo de mierda y al resto de pedazos de mierda y vivir abiertamente como un pedazo de mierda parece mejor que estar solo. Como le dijo un adicto a Bruce: ‘Esta es una vida, es mejor que no tener vida’.
La mayor parte de la gente aún cree en la prohibición, y por lo tanto los políticos la mantienen. Eso se debe a que gente como yo no hemos hecho bien nuestro trabajo al explicar los problemas de la prohibición y por qué las alternativas son mejores.
Necesitamos revisar honesta y respetuosamente las razones por las que la gente apoya la prohibición. Es un debate distinto a, por ejemplo, el debate sobre la igualdad de derechos para los gais. Cuando discuto con homófobos, intento hacer lo mejor para convencerlos, pero finalmente, hay una profunda diferencia entre nosotros: yo creo que los gais deberían ser tratados como los demás y ellos no.
El debate sobre la guerra de las drogas es diferente. Las razones que la mayor parte de la gente da para apoyar la prohibición son que no quieren que sus hijos consuman drogas y que la gente se convierta en adicta. Al revés que en el debate con los homófobos, ambos bandos tienen los mismos objetivos. Yo también deseo reducir la adicción y proteger a los niños de las drogas.
No es, en principio, un debate sobre objetivos, sino sobre cómo alcanzarlos. Creo que los datos son muy claros en que la regulación es una herramienta más útil para conseguirlo que la prohibición, por razones que espero que queden claras en el libro. Pero no lo hemos dejado lo suficientemente claro. La mayor parte de la gente se da cuenta de que la guerra contra las drogas ha fracasado, pero no están convencidos del resto de alternativas aún, y creo que necesitamos hacerlo mejor mostrando lo que ha ocurrido en los lugares que han elegido las alternativas y por qué esas reformas son tan populares.
Por supuesto, hay fuerzas que se benefician del estado de las cosas. La más grande es, de lejos, el crimen organizado, pero también la industria carcelaria, ciertas partes de la policía, y otros. Es real, pero no quiero exagerar, lo más importante es cambiar la opinión pública.
La prohibición hace que una de las grandes industrias del mundo esté en manos de bandas criminales que asesinan enormes cantidades de gente
Respecto a si está mantenida por convicciones morales, es cierto que hay alguna gente que cree que toda intoxicación es inmoral, que embotar tus sentidos es algo terrible. Pero todas las sociedades humanas conocidas han buscado estas sustancias para utilizarlas de forma recreativa, no creo que sea inmoral. Para el 90% de usuarios, es diversión.
Si la gente quiere tener un debate moral, me parece bien. Hay algo real que es muy inmoral aquí: la prohibición transfiere una de las grandes industrias del mundo a las manos de las bandas criminales violentas, que asesinan enormes cantidades de gente y que irían a la bancarrota si se legalizasen las drogas.
Pregúntate dónde están los traficantes de alcohol violentos hoy. ¿Ha disparado el presidente de Heineken al de Smirnoff en la cara? No, pero cuando el alcohol se prohibió la violencia entre los vendedores era endémica. Podemos acabar con la violencia de las drogas de la misma manera que con la violencia del alcohol, terminando con la prohibición.
