Dejar los alucinogenos – ¿Qué es un alucinógeno?
Los alucinógenos son sustancias que modifican los procesos cognitivos, los estados de ánimo y las percepciones. La palabra deriva del latín ‘alucinare’, que significa ‘deambular por la mente’, ‘hablar sin sentido’ o ‘parlotear’. En dosis altas, hacen que la gente perciba una experiencia como si ocurriera en la realidad cuando de hecho no ocurre. En dosis más bajas, producen trastornos más leves de la percepción, del pensamiento y de las emociones, si bien no se dan casos de invenciones de hechos no reales.
Los alucinógenos también recibe el nombre de psicotomiméticos, psicodélicos e ilusinógenos. Estos apelativos sugieren que estas drogas inducen trastornos mentales, si bien no es así en varios puntos. Los alucinógenos realmente no imitan la psicosis o la enfermedad mental. Aunque pueden desencadenar una experiencia psicótica en una persona vulnerable, la experiencia con la droga probablemente sea muy distinta. Por ejemplo, las alucinaciones provocadas por gran parte de estas drogas generalmente son visuales, mientras que las alucinaciones de la esquizofrenia generalmente son auditivas. No obstante, sí hay una superposición en cuanto a los efectos, y las investigaciones con psilocibina han hallado similitudes entre los efectos alucinógenos y algunos aspectos de las psicosis, especialmente sensaciones de disociación del entorno y de comprensión. El término psicodélico se acuño a finales de la década de 1950 para describir drogas que ‘expandían la mente’, un concepto vago que se hizo popular pero que no era muy descriptivo. Un término similar usado es enteógeno, que transmite la idea de encontrar ‘al dios dentro de nosotros’. Ninguno de estos términos es del todo adecuado. La amplia terminología que hay para describir estas drogas responde a la gran variedad de experiencias que sus consumidores han tenido.
El LSD es del grupo serotonina. El prototipo de este grupo es la dietilamida del ácido lisérgico. Los hongos del género Psilocybe contienen el compuesto activo psilocina y psilocibina, que se asemeja al LSD en los efectos que producen. El cactus del peyote contiene mescalina. Hay muchos otros alucinógenos parecidos al LSD en cuanto a su acción, incluida la dimetiltriptamina (DMT) y la bufotenina. También hay un grupo de derivados de las anfetaminas que se parecen a la mescalina en su acción.
Hay un segundo gran grupo de alucinógenos que han sido utilizados médicamente durante miles de años y su uso ritual aún se remonta más en el tiempo. No obstante, su uso recreativo no se ha hecho popular. Los alcaloides de la belladona se obtienen frecuentemente mediante prescripciones médicas que los contienen o dela infusión de las hojas de la planta silvestre Datura stramonium.
Los anestésicos disociativos o ‘tranquilizantes para caballos’, la fenciclidina (PCP) y la ketamina, constituyen la última categoría. La ketamina se usa como anestésico para niños y en la práctica veterinaria. Se presenta como solución inyectable (desviándola de su utilización médica) y como polvo (elaborado a partir de la solución seca). Las personas generalmente se inyectan o ingieren la solución y esnifan el polvo. La PCP se presenta de diversas formas: pastillas, polvo para esnifar, o cristales que se pueden fumar o disolver para inyectarse. Hay también dos alucinógenos que tienen mecanismos extraños de acción. El dextrometorgano, que es el principal ingrediente en muchos jarabes para la tos y causa un singular estado disociativo cuando se toma en dosis más altas de las recomendadas, y la Salvia divinorum, que es un alucinógeno vegetal que produce una experiencia intensa, breve, y generalmente desagradable cuando se fuman sus hojas.