Usos terapéuticos de la MDMA
Aunque la MDMA fue utilizada en psicoterapia durante muchos años y que la experiencia clínica pareció resultar muy positiva, nunca se realizaron estudios controlados para tratar de objetivar sus cualidades terapéuticas. Sí se publicaron informes en los que algunos psiquiatras reflejaban los beneficios terapéuticos de sus clientes y se redactaron decenas de historias clínicas que se entregaron a la DEA durante el proceso de prohibición de la sustancia.
La razón por la que a estos psiquiatras les pareció que la MDMA podría ser muy útil, se basaba en sus propiedades como facilitador del proceso de psicoterapia, a diferencia de los fármacos convencionales cuya eficacia terapéutica se basa en reducir o eliminar directamente los síntomas. Pese a que esta forma de operar de la mayoría de los fármacos es la más eficaz para el tratamiento de las enfermedades orgánicas, cuando hablamos de trastornos mentales es más difícil identificar la causa de los síntomas presentes, por lo que no siempre la medicación basada en los síntomas se muestra efectiva. En este caso, la otra posible forma de tratamiento de los trastornos psicológicos es por medio de la psicoterapia. La psicoterapia es generalmente un proceso largo y doloroso, puesto que los pacientes deben profundizar en el análisis de las emociones. Sin embargo, la causa de los trastornos psicológicos es precisamente que las emociones que sienten los pacientes les hacen sufrir, ya que su intensidad desborda su capacidad de control. Por eso, enfrentarse a ellas para conocerlas a un nivel profundo y se capaz de comunicarlas resulta un proceso generalmente angustioso aunque positivo. En este sentido, parece que la MDMA, en lugar de actuar sobre los síntomas, sitúa los pacientes en un estado de calma serena, en el que el miedo a enfrentarse a las emociones se reduce si reducirse por ello el nivel de conciencia, de modo que ayuda a acelerar el proceso psicoterapéutico.
Bajo los efectos de la MDMA, los pacientes notan primero una intensa sensación de liberación de la tensión muscular, en la que el cuerpo se siente totalmente relajado. La ansiedad y el miedo al sufrimiento psicológico desaparecen o se reducen considerablemente, produciendo un intenso sentimiento de auto-aceptación. Y si uno no tiene miedo a las emociones que se mueven por dentro, tampoco lo tendrá a las emociones que le provocan los otros, lo que se traduce en un estado de confianza sincera hacia el terapeuta. De este modo, el proceso de profundización para acceder a las propias emociones dolorosas deja de provocar sufrimiento, permitiendo así al paciente retomar el control sobre esas emociones, aceptándolas. En suma, la posibilidad de disponer de una herramienta que permita a los pacientes profundizar en sus emociones y comunicarlas a su terapeuta sin miedo, ganando un mayor grado de conciencia sobre las causas que las provocan y permitiéndoles resolverlas mejor, les pareció a aquellos psiquiatras lo bastante prometedor como para investigar las implicaciones de su uso. Estos psiquiatras creían que las propiedades favorables del uso terapéutico de la MDMA se basaban fundamentalmente en lo específico de sus efectos y la breve duración de su acción. Y consensuaron que las indicaciones en las que la psicoterapia con MDMA había mostrado los beneficios más importantes eran en el tratamiento de los trastornos derivados del abuso físico y sexual durante la infancia y las agresiones sexuales. Asimismo se destacaron sus beneficios en terapias de pareja, en terapias familiares con miembros psicóticos, en la reducción del componente psicógeno del dolor y del sentimiento de desesperanza en enfermos terminales, y en algunas formas de depresión y otras neurosis.
