Dejar la cocaína:

Las hojas de la planta de la coca contienen cocaína. Los indígenas las mascan, como estimulante para soportar las difíciles condiciones en las que viven. De este modo, la hoja de coca juega un papel parecido al que cumplen en nuestras sociedades otras sustancias como el alcohol, el tabaco, el café, los analgésicos, etc…. En aquel contexto, no hay compulsión de consumo ni necesidad o razón para dejar de consumirla.

Cuando se descubrió la cocaína, el principio activo de la coca, los médicos no sólo no recomendaban dejar la cocaína, sino que ésta era recomendada por los profesionales médicos y farmacéuticos para un sinfín de dolencias, incluyendo su utilidad para dejar el alcohol, el opio o la morfina. Incluso Freud llegó a proclamar sus excelencias. Y cuando se descubrió la capacidad de ser inhalada en polvo, empezó a usarla gente de todos los estratos sociales y en multitud de indicaciones médicas.

La gente dejó la cocaína cuando esta sustancia empezó a ser perseguida como droga, sustituyendo su consumo por el de otro estimulante: las anfetaminas, hasta que, hace medio siglo, se restringió la venta de anfetaminas y la cocaína recuperó su papel como estimulante popular.

¿Por qué cuesta dejar de consumir cocaína? Porque es una sustancia que mantiene en alerta al organismo, dando energía, euforia y confianza, incrementando la atención y permitiendo superar el cansancio.

Pero si al final muchos usuarios se plantean dejar de consumir cocaína es porque no todo son virtudes en lo que atañe a su consumo. A dosis medias o leves, provoca también falta de apetito, insomnio e irritabilidad. Y si se consume de manera prolongada y a dosis altas, afecta al corazón e hígado, disminuye las reservas de vitaminas C y B en el cuerpo, descalcifica, envejece la piel, y provoca pérdida de peso, inestabilidad emocional , desgana, impotencia, insomnio, delirio persecutorio y, a partir de cierto punto, terribles alucinaciones

¿Y por qué existe la creencia de que la cocaína no crea adicción? La cocaína desaparece muy rápidamente de la sangre y una sola dosis moderada dura sólo alrededor de diez minutos. Este hecho facilita el desarrollo de la tolerancia, ya que los efectos buscados desaparecen muy pronto y esto lleva al consumidor a un incremento de las dosis y provoca que algunos individuos sufran borracheras de consumo para intentar a toda costa mantener el efecto. Estos excesos pueden llegar a causar taquicardias y paro cardíaco.

Además, como la cocaína se consume alternándola con alcohol para ir compensando sus respectivos efectos, resulta que los efectos tóxicos en el corazón y el sistema circulatorio son más graves.

Una borrachera de cocaína puede implicar un día, o varios días, sin dormir, y los consumidores inveterados acaban centrando todo su deseo en el puro consumo, olvidándose de cualquier otro deseo, responsabilidad o tarea.

Durante mucho tiempo, dejar la cocaína no era un mensaje perentorio porque se creía que se trataba de una sustancia que era adictiva, dado que su síndrome de abstinencia no era aparatoso, ni claramente manifiesto, ni de carácter físico, sino que afectaba básicamente a la conducta. Pero lo cierto es que, al cortar el consumo, se manifiestan cuadros de depresión, ansiedad, nerviosismo, desconfianza o paranoia, aburrimiento grave, falta de motivación y depresión. Y el deseo de acabar con estas sensaciones desagradables genera en el usuario un deseo intenso de volver a consumir.

Los tratamientos para dejar la cocaína pretenden aliviar en primer lugar los síntomas de la abstinencia, por lo que inicialmente se usa medicación antidepresiva. Pero, aunque la desintoxicación puede realizarse fácilmente, la prevención de la recaída es la parte más difícil y la que puede considerarse el centro del tratamiento. Por eso, en muchos casos es necesario, aunque no siempre es imprescindible, una hospitalización total, para proporcionar un ambiente libre de droga que garantice la abstinencia, acompañada de una terapia farmacológica y psicológica adecuada a la personalidad y circunstancias de cada paciente.